lunes, 24 de abril de 2017

El VIAJE CAPITULO I


En una aldea apartada de la ciudad cerca de un lago, habitaba una pareja de esposos, con una relación de varios años siempre habían querido tener hijos pero nunca lograron conseguirlo Mario y María, se dedicaban a realizar actividades varias en el pueblo más cercano su fuerte era el trueque de mercancía, movían víveres,  enseres y se hacían de lo que necesitaban.
Lo habitual era que ellos  tres veces por semana subían al pueblo para abastecerse, eran ya conocidos por todos y eso les facilitaba realizar su negocio, a María le interesaba todo lo relacionado con el arte, mientras Mario se enfocaba en cualquier cosa que pudiera sacarle una buena ganancia sin embargo ambos compartían gusto por cosas extrañas, y poco comunes, coleccionar artículos extraños era uno de sus hobbies preferido.

Mario quería un heredero pues soñaba pasar sus tardes jugando cerca del lago con su primogénito nonato, por ello casi siempre  comentaba con María acerca de métodos de fertilización artificial en la ciudad pero eso no la convencía a ella, ya que era muy chapada a la antigua y no estaba convencida al cien por ciento de lo que Mario le pedía. A pesar de ser uno de los grandes sueños que tenía Mario, en el pueblo se encontraba un doctor al cual la pareja frecuentaba seguido consultando su caso pero él lo único que podía hacer era recomendarles a alguien en la ciudad, un colega que él conocía desde hace años.

El doctor era la solución a sus problemas, bueno en realidad a los problemas de Mario fue tanto la insistencia de Mario sobre María que la convenció de ir tan solo a escuchar una plática con el doctor que había sido recomendado por su colega, una semana antes dejaron todo listo en el pueblo y en su casa se dedicaron a dejar todo en orden para poder partir tranquilos por una semana a la ciudad y acudir a la consulta, partieron entonces la madrugada del lunes para aprovechar el día y buscar el consultorio del doctor.

 El camino se hizo largo pero al fin llegaron a los límites de la ciudad y ese mismo lunes en la tarde, llamaron al consultorio del doctor, pero ya estaba todo ocupado para ese día por lo que la secretaría les concertó una cita para el día siguiente, decidieron entonces más tranquilos buscar un lugar donde hospedarse, lograron encontrar un lugar cerca del consultorio decente y relativamente barato por lo que convenció a ambos.

Pidieron en el hotel un cuarto  para toda la semana pues no sabían si solo un día bastaría para asistir al  consultorio, y de paso aprovecharon para tomar un descanso de su rutina en el lago, entraron a su cuarto desempacaron y acomodaron todas sus cosas fueron a cenar a un lugar cercano, nada extraordinario dos platos de comida y dos copas de vino. Mario habla con María le dice que le agradece mucho lo que está haciendo por él y ella se siente feliz por poder complacerlo pero aún se encuentra con el miedo de enfrentar  a la ciencia.
Mario le explica acerca de cómo se siente sobre esto, y su empatía hacia ella se vuelve más fuerte y sincera.
- Sé que esto no es fácil María, pero  tengo fe en que el doctor encontrara una solución, también sé que explicándote bien lo que hará te logrará convencer.
- Confío en ti Mario, y esto es lo que tanto has deseado.

 Espero que esto te haga feliz.
Dijo María, mientras degustaban de la cena, pidieron un par de copas de vino más y ya un tanto desinhibidos  pidieron la cuenta con la idea de llegar rápido al hotel sin ningún reparo se dirigieron de nuevo al hotel donde se hospedaban, llegaron a la habitación y encendidos en la misma pasión con la que se que conocieron, entraron besándose y botando todo, quizás fue la alfombra roja y las cortinas que medio cerradas que daban un cuadro muy descriptivo de todo lo que sucedía dentro de la habitación lo que los éxito tanto.

Era como si a Mario lo hubiera poseído un semental en celo y a María una felina hambrienta de deseo hubiera reclamado su cuerpo, se acariciaron, besaron después se arrancaron la ropa e hicieron el amor salvaje y apasionadamente, después de un rato, ambos terminaron desnudos en el piso del cuarto de hotel solo quitaron unas sábanas de la cama y durmieron ahí tendidos por el esfuerzo físico que habían derrochado esa noche.

A la mañana siguiente Mario se levantó al baño se cambió rápidamente y bajó al lobby para comprar dos desayunos y sorprender a María en la cama, cuando subió, María se había percatado de su ausencia y lo espero tendida, desnuda, boca abajo en la cama pues sabía que no tardaría mucho. Cuando Mario entro a la habitación y la observó así su libido se incrementó nuevamente, dejo el desayuno por un lado sobre una mesa y se lanzó sobre ella como un depredador hambriento sobre una indefensa presa.

Después de estos dos encuentros amorosos improvisados, se volvió a encender en ellos la llama que había estado tambaleando en los últimos años.
-Creo que después de todo, fue buena idea haber venido aquí. Dijo María, Mario solo se rio y la beso tiernamente en la frente. Comieron el desayuno un poco ya frio pero eso no importaba pues se tenían el uno al otro  y un nuevo aire en su matrimonio.






















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