En una aldea apartada de la
ciudad cerca de un lago, habitaba una pareja de esposos, con una relación de
varios años siempre habían querido tener hijos pero nunca lograron conseguirlo
Mario y María, se dedicaban a realizar actividades varias en el pueblo más
cercano su fuerte era el trueque de mercancía, movían víveres, enseres y se hacían de lo que necesitaban.
Lo habitual era que
ellos tres veces por semana subían al
pueblo para abastecerse, eran ya conocidos por todos y eso les facilitaba
realizar su negocio, a María le interesaba todo lo relacionado con el arte,
mientras Mario se enfocaba en cualquier cosa que pudiera sacarle una buena
ganancia sin embargo ambos compartían gusto por cosas extrañas, y poco comunes,
coleccionar artículos extraños era uno de sus hobbies preferido.
Mario quería un heredero
pues soñaba pasar sus tardes jugando cerca del lago con su primogénito nonato,
por ello casi siempre comentaba con
María acerca de métodos de fertilización artificial en la ciudad pero eso no la
convencía a ella, ya que era muy chapada a la antigua y no estaba convencida al
cien por ciento de lo que Mario le pedía. A pesar de ser uno de los grandes
sueños que tenía Mario, en el pueblo se encontraba un doctor al cual la pareja
frecuentaba seguido consultando su caso pero él lo único que podía hacer era
recomendarles a alguien en la ciudad, un colega que él conocía desde hace años.
El doctor era la solución a
sus problemas, bueno en realidad a los problemas de Mario fue tanto la insistencia
de Mario sobre María que la convenció de ir tan solo a escuchar una plática con
el doctor que había sido recomendado por su colega, una semana antes dejaron
todo listo en el pueblo y en su casa se dedicaron a dejar todo en orden para
poder partir tranquilos por una semana a la ciudad y acudir a la consulta,
partieron entonces la madrugada del lunes para aprovechar el día y buscar el
consultorio del doctor.
El camino se hizo largo pero al fin llegaron a
los límites de la ciudad y ese mismo lunes en la tarde, llamaron al consultorio
del doctor, pero ya estaba todo ocupado para ese día por lo que la secretaría
les concertó una cita para el día siguiente, decidieron entonces más tranquilos
buscar un lugar donde hospedarse, lograron encontrar un lugar cerca del
consultorio decente y relativamente barato por lo que convenció a ambos.
Pidieron en el hotel un
cuarto para toda la semana pues no
sabían si solo un día bastaría para asistir al
consultorio, y de paso aprovecharon para tomar un descanso de su rutina
en el lago, entraron a su cuarto desempacaron y acomodaron todas sus cosas
fueron a cenar a un lugar cercano, nada extraordinario dos platos de comida y
dos copas de vino. Mario habla con María le dice que le agradece mucho lo que
está haciendo por él y ella se siente feliz por poder complacerlo pero aún se
encuentra con el miedo de enfrentar a la
ciencia.
Mario le explica acerca de
cómo se siente sobre esto, y su empatía hacia ella se vuelve más fuerte y
sincera.
- Sé que esto no es fácil
María, pero tengo fe en que el doctor
encontrara una solución, también sé que explicándote bien lo que hará te
logrará convencer.
- Confío en ti Mario, y esto
es lo que tanto has deseado.
Espero que esto te haga feliz.
Dijo María, mientras
degustaban de la cena, pidieron un par de copas de vino más y ya un tanto
desinhibidos pidieron la cuenta con la
idea de llegar rápido al hotel sin ningún reparo se dirigieron de nuevo al
hotel donde se hospedaban, llegaron a la habitación y encendidos en la misma
pasión con la que se que conocieron, entraron besándose y botando todo, quizás
fue la alfombra roja y las cortinas que medio cerradas que daban un cuadro muy
descriptivo de todo lo que sucedía dentro de la habitación lo que los éxito
tanto.
Era como si a Mario lo
hubiera poseído un semental en celo y a María una felina hambrienta de deseo
hubiera reclamado su cuerpo, se acariciaron, besaron después se arrancaron la
ropa e hicieron el amor salvaje y apasionadamente, después de un rato, ambos
terminaron desnudos en el piso del cuarto de hotel solo quitaron unas sábanas
de la cama y durmieron ahí tendidos por el esfuerzo físico que habían
derrochado esa noche.
A la mañana siguiente Mario
se levantó al baño se cambió rápidamente y bajó al lobby para comprar dos
desayunos y sorprender a María en la cama, cuando subió, María se había
percatado de su ausencia y lo espero tendida, desnuda, boca abajo en la cama
pues sabía que no tardaría mucho. Cuando Mario entro a la habitación y la
observó así su libido se incrementó nuevamente, dejo el desayuno por un lado sobre
una mesa y se lanzó sobre ella como un depredador hambriento sobre una
indefensa presa.
Después de estos dos
encuentros amorosos improvisados, se volvió a encender en ellos la llama que
había estado tambaleando en los últimos años.
-Creo que después de todo,
fue buena idea haber venido aquí. Dijo María, Mario solo se rio y la beso
tiernamente en la frente. Comieron el desayuno un poco ya frio pero eso no
importaba pues se tenían el uno al otro y un nuevo aire en su matrimonio.
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